Para presentar semejante parafernalia de aditivos nadie mejor que Popeye el marino, que sorpresivamente visita a la familia (toca timbre y entra... rompiendo la pared) y se pone a jugar con ellos haciendo malabarismos como si fueran pelotas mientras entona su entrañable canción.
Se cansó de promocionar la espinaca; las pastas Lucchetti y sus bizarros spots pagan más seguramente.
Horacio, el hombre de la casa, interrumpe los malabarismos con alguna ocurrencia, incluyendo un chiste (malo): los fideos ¿se pueden comer con aceite de Olivia?
Hay bonus-track! Papá Roberto lo desafía a Popeye con una pulseada. Mirá el entrenamiento y la pelea final (con revancha, y re-revancha):






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